jueves, 29 de agosto de 2013

AYER, HOY, MAÑANA Y SIEMPRE...



Sabido es que el arte es caprichoso y se da a quien quiere y no a quien lo persigue, a quien él elige y no a quien lo elige a él; porque también en esto, muchos son los llamados y pocos los elegidos. Llamado era Salieri, que habría dado su vida por rozar la genialidad, y elegido era Mozart, en quien el genio brotaba sin esfuerzo y de forma natural.

Isabel Pantoja es la estirpe de Mozart. Pertenece a la selecta minoría de los elegidos. No necesita, como Salieri y como tantos otros y otras, esforzarse por ser artista; sencillamente, lo es. Nació artista y, aunque a veces sienta el arte como un destino irremediable de la que le gustaría escapar, sabe que morirá artista porque así lo ha querido el genio, la gracias, el duende, el temperamento y todas las divinidades del Olimpo artístico. Pero, además de artista, nació en España, en Andalucía y, dentro de Andalucía en Sevilla y, dentro de Sevilla en Triana. ¿Qué más podía pedir para encontrarse con la canción española, con la canción andaluza, con la copla?.

Desde muy niña, Isabel aprendió aquellas coplas que hablaban del placer que irrita y el amor que ciega, de venganza, de olvido, de ausencia, de celos, de engaño y desengaño, de pasión y muerte, de esperanza, de cosas de hombres y mujeres; coplas que escuchaba en la radio o le cantaba doña Ana, su madre, muchas de ellas escritas por grandes maestros, que más tarde llegarían a ser sus maestros, como Rafael de León y el maestro Solano. Fueron ellos los que descubrieron-cuando el padre de Isabel la llevó para que la escucharan cantar- que aquella niña era una princesa de la copla y fueron ellos las que la educaron durante años para que llegara a ser una reina.

Desde entonces (es decir, desde siempre) Isabel y la copla caminan indisolublemente unidas por le mundo. Ella es, por derecho propio, la más fiel heredera del trono con más tronío del arte, el trono de la copla, de la canción española. Es su más genuina representante viva. La única de las grandes que nunca ha renegado de la bata de cola-aunque por ello llegaran a tacharla de antigua- y la que mejor la luce y la mueve en un escenario. Su faceta de cantante de canción moderna, de baladas, jamás ha conseguido restarle ni un ápice de su raza, de esa pureza, de esa majestad de reina de la copla, de cantaora, de tonadillera.

Isabel Pantoja es, en definitiva, la copla y aquí está, para demostrarlo una vez más, interpretando, como sólo ella sabe, algunas de las coplas que para ella escribieron Rafael de León, y el maestro Solano, como “Aquella Carmen”… y otros temas eternos que están en la memoria y en el corazón de todos los que amamos la canción española, como “No me quieras tanto”, “La Bienpagá”, “El romance de la otra”, “Tengo miedo”, o “La Zarzamora”.

Se reúne aquí, por tanto, un doble placer: el placer de revivir algunas de las mejores coplas en una de las mejores y más auténticas voces de ayer, hoy, mañana y siempre, y el placer de disfrutar de Isabel Pantoja cantando lo que más le gusta, la música que más se acerca a su esencia y a su ser. Porque, en Isabel Pantoja, hasta su vida es un romance digno de Quintero, León y Quiroga. Ella misma es una copla con nombre de reina.

JAVIER SALVAGO


José Mª Vidal