lunes, 4 de junio de 2012

PANTOJA Y LA GENTE QUE LE GUSTA


La ovación, larga, con el público en pie, empezó unos minutos antes de que Isabel Pantoja pisara el escenario del auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Con el partido ganado desde el minuto cero, la tonadillera entonó «Con la gente que me gusta» señalando al patio de butacas. Su gente, entregada, cubrió ayer por completo el aforo de la sala en un concierto de dos horas de grandes éxitos, canciones cantadas a coro y tres cambios de vestuario, repleto de guiños de complicidad entre la artista y un público que jaleaba cada uno de sus alardes vocales y alentaba con deleite sus giros teatrales. Arropada por una banda de once músicos y dos coristas, la artista cantó a continuación la copla «Isabel Pantoja» y «Fue por tu voz», «la primera canción que Isabel Pantoja grabó hace cuarenta años», aseguró hablando de sí misma en tercera persona. Las enlazó con «Pájaro verde» -«la tercera»-, «Embrujá por tu querer» y «Garlochí», títulos todos de su primera época, aseguró, «para que se acuerde todo el mundo de que llevo cuarenta años cantando».
Esta reivindicación de su música dio la salida a los guiños que se sucederían después y que, obviamente sin citas expresas a su situación procesal en el «caso Malaya», dieron pie a exacerbar la necesidad de que el auditorio arropase a una cantante a la que le agrada, dijo, que su gente la haga feliz. Especialmente, apostilló, «cuando más se necesita». El parlamento precedió a los momentos más íntimos y emotivos del recital de Pantoja en Oviedo: su versión de los versos de Rafael Alberti en «Háblame del mar, marinero» y, tras un breve respiro sonoramente ovacionado -porque «respirar es lo único que hasta que el de arriba decida nadie me va a impedir»-, llegaron «Era mi vida él», sólo con piano y voz y señalando al cielo; «Pensando en ti», casi recitada, y «Marinero de luces», a coro con la concurrencia.

Pasaron «Nada» y «Feriante», y para cuando una señora gritó «¡tas muy delgada!», hacía tiempo que Pantoja tenía al público a su merced. Y cuando la letra de «Hoy quiero confesarme» alcanzó esa estrofa donde dice «por si hay alguna duda sobre mí», desde el patio de butacas alguien quiso dejar claro, hablando o no de música, que «no la hay». La tonadillera, que separa el micrófono para que se perciba que no hay truco, recoge ovaciones con cada gesto y manda parar la música para que se oiga cantar a su gente, sacó a bailar a todo el graderío con «El moreno» y arrancó ovaciones de espectadores puestos en pie con «Tú a mí no me hundes» y «Así fue».

La pausa para cambiar el vestido rojo con el hombro izquierdo al aire por una bata de cola blanca anunció el paso del bolero y la balada a la última fase del concierto, con la copla más genuina. A punto de la hora y media de sesión, tras los derroches vocales de «Rocío» y «A tu vera», un cuadro flamenco y dos bailaores salieron a entretener al público mientras la estrella sustituía la bata de cola por un vestido ceñido negro y morado para empezar a cerrar cantando «Se me enamora el alma». Pero para el epílogo había todavía, tras un «viva Oviedo» y «viva Asturias», una profesión de fe «católica y superreligiosa», y una confesión. «Mi mayor penitencia en estos cinco años de mi vida me la puse yo», dijo, «no hacer el camino del Rocío». Por eso el concierto acabó con la salve rociera después de casi dos horas exactas de repaso completo y sin falta al repertorio de la tonadillera y con ella «muy feliz de volver a esta preciosa ciudad en la que tanto he cantado y tantos éxitos he tenido». El de ayer se acabó con una promesa modificando el final de la letra de la salve: «A Oviedo yo voy a volver».

Marcos Palicio
http://www.lne.es/oviedo/2012/06/04/pantoja-gente-le-gusta/1251566.html