domingo, 27 de noviembre de 2011

Locos por Isabel Pantoja

Con un patio de butacas lleno a rebosar y un público entregado desde el minuto uno, Isabel Pantoja desgranó un repertorio coreado por todos


No fue tan sólo una gala de Isabel Pantoja, fue uno de los ejemplos más extremos de pasión y admiración hacia una cantante que jamás se haya visto en esta ciudad.
Y es que la pantomanía, tras lo visto en el concierto que la cantante sevillana ofreció anoche en el auditorio Alfredo Kraus, puede describirse como un fenómeno en sí mismo, un incesante transcurrir de gritos ensordecedores entre canción y canción que no cesarían en toda la noche, con continuos diálogos y piropos hacia la cantante desde el patio de butacas. Y es que, tras cada interpretación de cada tema en particular, todos los espectadores, al unísono, saltaban casi como un resorte para mostrar de pie y aplaudiendo a rabiar, la admiración más vehemente que uno recuerde hacia una artista. Rosas y ramos de flores también formaban parte de una especie de ritual generalizado. Ni con Bruce Springsteen se había visto algo parecido.



Poco antes del comienzo, y a las puertas del auditorio, el ambiente ya se caldeaba con las señoras cantando algunas de sus coplas más famosas. El auditorio registraba un lleno a rebosar, al tiempo que los músicos se iban colocando, ya coreaba a pleno pulmón ¡Isabel!, ¡Isabel!. La orquesta interpretaría, a modo de obertura, un popurrí instrumental con sus canciones más famosas, y los cambios de melodías eran acompañados de conatos de alegría incontrolada.
Sobra decir que la entrada de la cantante sevillana en el escenario, vestida completamente de rojo, se convirtió en una ovación tan generalizada que hasta la propia Isabel mostró su asombro. En un momento dado, y ante los impetuosos halagos, la cantante incluso llegó a decir "por favor, un poquito de silencio ahora porque está canción requiere algo de intimidad". Aun así, y tras escuchar los gritos de "te queremos" canción tras canción, la cantante respondía "eso sí, yo también os quiero". Acompañada por una pequeña orquesta de viento, un pianista, un teclista y un guitarrista, Isabel Pantoja comenzó cantando una canción dedicada a las Islas Canarias



Gesto simpático
Con el tema Yo me llamo Isabel Pantoja, el público aprovechó para gritarle "tú si que vales, y en un gesto simpático contestó, "para mi hijo sí, pero para Risto Mejide no lo sé". Al principio, la cantante hacía indicaciones a los músicos para que bajaran el sonido, y tras los tres primeros temas ya se sentía más cómoda y segura. Fue entonces cuando la cantante andaluza dio pie a algunos de sus temas más intimistas como Háblame del mar, interpretado únicamente con el piano, Esa es mi vida, o Pensando en ti, tras la cual reconoció que "me siento muy sensible". Luego, y a eso del ecuador del concierto, Isabel Pantoja atacó algunos de sus temas más populares como Marinero de luces o Se me enamora el alma, mientras no paraban las aclamaciones de "guapa" o de forma repetida, y casi como un himno oficial hacia la artista, y coreado por todos los asistentes, nuevamente, el Tú si que vales.

Estuvo tan presente esta frase que, en un momento dado, la cantante respondió, "si tras tantos años no valiera tanto yo me preocuparía", seguido, claro está, de las carcajadas de todos los asistentes.

En la segunda parte, la cantante, vestida en esta ocasión de blanco y rosa y con una pañoleta y claveles en el pelo, demostró sobre el escenario un carisma fuera de toda duda, que mantuvo de manera infatigable en un concierto de cerca de dos horas con gran intensidad desde la primera hasta la última canción.



Presencia escénica
Sea como fuere, la cantante andaluza demostró que tiene una imponente presencia escénica, un vozarrón que conserva en plena forma y un conjunto de músicos muy buenos y experimentados. Pero lo más destacable, tras comprobar la reacción del público en el auditorio, es que su figura sobrepasa la aureola de figura importante de la copla para alcanzar el estatus de auténtico fenómeno social.

Todo esto se pudo percibir además en el ambiente que se vivía en las inmediaciones del auditorio, ya que dos horas antes de que empezara el concierto, muchos espectadores esperaban a que se abriese la sala y se adivinaba un público más bien de mediana edad, aunque con muchos jóvenes y ancianos. Todos hablaban con admiración de la artista y todos también, curiosamente, eludían hacer comentarios sobre su vida privada.

Al margen de que a uno le guste más o menos las canciones de Pantoja, asistir a una de sus galas resulta ya un espectáculo en sí mismo. Desde el palco de prensa, se podía observar cómo muchos de sus seguidores parecían felices tan sólo por el hecho de que la cantante les dirigiera una simple mirada.

A la salida, era unánime calificar el concierto como inolvidable. Muchos fans se quejaban de que la cantante no viajara con más frecuencia a las Islas, pero lo que está claro, y tras la experiencia de este fin de semana, es que La Pantoja se lleva de Gran Canaria un triunfo que podría calificarse como histórico.