lunes, 14 de marzo de 2011

“Moriría en la Argentina”


Hay una repetición llamativa en las visitas de Isabel Pantoja a la Argentina: con ella, el clima cambia. Hace dos años, trajo las lluvias necesarias para paliar la sequía en el Día de los Enamorados. Ahora, la llamada de La Razón a Madrid ocurre pocos días de su arribo: mientras acá se transpira la gota gorda, la Reina de la Copla dice de allá que hace frío, habla de una ventana que da a cierto paisaje invernal y del fuego en su chimenea.
Buenos Aires es un horno pero el aliento de la española al otro lado del teléfono es tan fresco como el viento que llegó ayer a Buenos Aires con ella, para presentarse el miércoles en el Luna Park (Bouchard 465), en el marco de su gira latinoamericana. Si el pronóstico extendido funcionara, hubiera sido tema de charla.
En cambio, los primeros comentarios se destinan a la gastronomía. “Estoy esperando la cena”, dice ella. ¿Qué hay de comer? “Sopa con jamón, pero espero llegar a la Argentina para comer un asado, que lo extraño y me encanta”. Claro que no vendrá a exclusivamente a liberar el tenedor. “Las expectativas son las mismas cada vez que voy a ese maravilloso país que me hace sentir tan a gusto; desde que llego, son siempre muestras de cariño y sólo puedo agradecerlo cantando. Yo siempre digo que si no fuera en España, moriría en la Argentina”, convence. Y cuenta que además de algunas de las canciones de su más reciente disco, “Isabel Pantoja”, realizará un repaso de su carrera musical, que comenzó a sus 6 años.
Por entonces, se le animó al cuadro flamenco de su primo y, con siete años, actuó en el Teatro San Fernando, en un homenaje al cantaor Juanito Valderrama. Pronto sería contratada en el tablao flamenco sevillano de El Embrujo, del que llegaría a ser la primera figura. De su crecimiento, una separación que la signaría: “Era una niña cuando me marché de Sevilla hacia Madrid, que me recibió.” También, a temprana edad, conoció a quien ella reconoce como su “gran maestro” y uno de los máximos exponentes de la copla mundial: Juan Solano, que junto al poeta Rafael de León compuso sus primeros trabajos discográficos. Sus discos más representativos de esa etapa son “Veintidós abriles tengo”, “Al alimón”, “Amante, amante” y “¡Viva Triana!”, álbum compuesto íntegramente por voces sevillanas y en el que Pantoja demuestra su versatilidad para el género.
Claro que no tardó en formar su propia compañía y durante años cultivó con gran éxito la copla, género en decadencia en aquel momento y cuyo interés en el público consiguió resucitar no sólo por su talento sino también por su frescura. En esta época alcanzó el éxito con temas como “El pájaro verde”, “Garlochí” o “El señorito”. En 1983, salió a la luz su primer álbum de música pop: “Cambiar por ti”, compuesto por el guitarrista Paco Cepero y que alcanza un éxito formidable. Desde ese momento, Pantoja alternó baladas y canciones románticas con la copla.
Su segundo gran éxito musical fue con “Se me enamora el alma” (1989), su álbum más comercial, y ya con un sonido más moderno y ritmos programados. Posteriormente llegarían “Corazón Herido” (1992) y “De nadie” (1993), “Amor eterno” (1996), “Donde el corazón me lleve” (2002), “Mi canción de Navidad” (2005) y “Un trocito de locura” (2006), entre otros.
Con una producción muy amplia, más de 20 discos, y un público muy fiel, Pantoja se siente siempre “en deuda” y trata “de dar lo mejor” a su público. Por eso es bienvenida la frescura.