sábado, 16 de octubre de 2010

A su manera

Apenas asoma por el escenario y ya la reciben con una ovación cerrada, encendida, como si fuera una 'prima donna' y acabara de cantar un aria sublime. «¡Bravo, bravo! ¡Guapa, guapa!». Se trata de Isabel Pantoja. No canta ópera, sino copla y tonadilla. Y ha llegado a un punto de divismo, de idolatría, que no necesita abrir la boca para que el público ('su' público) se ponga a sus pies. Estamos en la platea del teatro Coliseum, en Barcelona, donde Pantoja presenta estos días, ese espectáculo que José Luis Moreno le ha diseñado y cortado a medida, casi, casi cosido sobre su cuerpo, sobre las cicatrices que ha ido acumulando Isabel a lo largo de su existencia. 'Así es la vida' se titula el 'show'. Un homenaje a sí misma. Una autobiografía a la mayor gloria de la artista.'Nací en Sevilla'. Es la canción que abre el repertorio. Y en ella, sobre fotos en blanco y negro de su bautizo, allá por el año 56, o de la placa de la calle Tardón, en Triana, Pantoja nos va informando, siempre según su versión, de que ella nació en Sevilla «entre claveles rojos y manzanillas». «Me dio la vida un beso cuando nací», remata entre gorgoritos. Y el teatro se viene abajo. Como artista hay pocas que generen tanta devoción. «Gracias -dirá la tonadillera a su público en mitad del espectáculo-. No sabéis lo que me estáis ayudando. No os lo podéis ni imaginar».

'Marinero de luces'

Durante el espectáculo, la artista se viste de flores, de tabaco y oro para entonar un pasodoble, de rojo, de negro... E incluso de novia, cuando, siguiendo el curso de su biografía sentimental  se detiene un buen rato en su romance y posterior matrimonio con Paquirri mientras suenan los acordes de 'Marinero de luces'.  «¡Qué guapa estaba yo!», exclama de golpe Pantoja, al contemplarse a sí misma, de jovencita, en ese gigantesco álbum de fotos que se proyecta sobre el fondo del escenario. El público le da la razón con gritos y más aplausos. Hasta su propio director de orquesta (lo nunca visto) detiene su tarea en plena actuación para cuadrarse ante ella y ovacionarla. «¡Ay, Barcelona de mi vida. Por mí me quedaba a vivir aquí. Es que mi niña además es del Barça!», gime la artista, que esa noche está acompañada, entre bambalinas, por su hija, Chabelita. Huelga decir, una vez más, que el patio de butacas (ya permanentemente de pie, desde hace media hora) estalla en 'oles'. «Y sin juez, sin tribunales, yo me sentencio. En una cruz de silencio» brama la ya imparable Isabel, antes de que sus ocho bailarines y doce músicos alivien un poco tanta tensión con una alegre coreografía.
Han pasado casi dos horas desde el comienzo del espectáculo y aquello parece un tablao. «¡Te queremos, Isabel!» le grita un espontáneo. «Ya lo sé. Y yo a vosotros», contesta ella muy seria en mitad de una canción.
Se seca dos incipientes lágrimas y se prepara para atacar el final. La rúbrica. 'A mi manera', de Sinatra. Nada menos, aunque aflamencada y adaptada a su personalidad. «Amé, también sufrí... Pero viví a mi maneeeeeera». «Quiero que sepan -declara al terminar el 'show', abrazada a un enorme ramo de flores- que cada uno vive su vida a su manera. Y eso hay que respetarlo...»
 
nortecastilla.es