miércoles, 6 de octubre de 2010

El recital de la trianera desata las pasiones

La realidad superó a lo que se preveía. El pasado jueves se agotaron las entradas que pusieron a la venta para el recital de la tonadillera trianera más grande de España y ayer esa expectación quedó patente en el numeroso público que acudió a presenciar el concierto de Isabel Pantoja en Orpesa. El amplio despliegue policial y de seguridad realizado junto al parador de fiestas era el mejor síntoma de la magnitud de la cita, rubricada con la presencia de las cámaras de las principales televisiones estatales, que seguían al detalle cada movimiento de la artista.
“No me importa para nada su vida privada, pues es una cantante de los pies a la cabeza y por eso he venido”, puntualiza Antonio, llegado desde Almassora. Miembros de una misma familia pertenecientes a dos, o incluso tres generaciones, se daban cita en las inmediaciones del parador festero para acceder a su interior. María acudía con su hija Esther y su nieta Mercedes a ver y escuchar a la cantante. La más joven señalaba: “Conozco muchas de sus canciones por oírselas cantar a mi madre, pero sobre todo a mi abuela, que le encanta”. A Esther, una de las piezas que más le gusta es Marinero de luces porque, asegura, “me llega muy adentro”.
Desde Valencia llegaban María Jesús, Amparo y Marina, forofas a tope de Isabel Pantoja y que aprovecharon el concierto para pasar la tarde en Orpesa. “Conseguimos hace unos días las entradas y las guardamos como oro en paño”, comentaron muy felices poco antes de acceder al recinto. También Carolina, Isabel y Lucía, estas que venían de Benicarló, se las veía muy contentas porque tenían su localidad: “Unos amigos de Orpesa nos las consiguieron hace unos días; menos mal, pues igual hoy --por ayer-- nos habríamos quedado sin ellas porque habían pocas y mucha gente”.
Este era el caso de Francisco y Tere, una pareja de Cabanes, que intentaron conseguir los billetes, sin éxito. “Ya que hemos venido, cenaremos aquí y nos volveremos luego”, dijo mohíno Francisco. Tampoco lo consiguieron Cecilia y Marisa, después de hacer cola durante mucho tiempo. “La próxima vez será”, añadieron.
El Periódico Mediterráneo